Legislación laboral y comercio exterior, una brecha cada vez más corta

Legislación laboral y comercio exterior, una brecha cada vez más corta

Por  Yolloyeztin Nicolás Díaz | @Yolloyeztzin

Con la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), se inscribe un nuevo capítulo en la relación entre regulación laboral y comercio exterior; ésta se ha hecho más corta. El T-MEC establece un precedente inédito en donde la punibilidad de prácticas ilegales en materia laboral se da a través de “penas de carácter comercial”.

La legislación laboral y su relación con tratados comerciales no es nueva. De hecho, gran cantidad de acuerdos comerciales ratifican estándares laborales mínimos establecidos en el seno de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Sin embargo, el gran cambio que introduce el T-MEC en su capítulo 23 es que controversias derivadas de temas laborales se puedan dirimir en un mecanismo general de solución de controversias, y no por una vía separada. Este cambio, nos motivaría a pensar, sino totalmente en un aumento de la eficiencia en la resolución de disputas (enfoque “ex-post”), al menos sí en un aumento de la disuasión de malas prácticas (enfoque “ex-ante”).

El cambio es de forma y fondo. De forma, porque establece una homologación de la materia laboral al mismo estatus que otras disciplinas comerciales que suelen pensarse más relevantes, e.g. acceso a mercados. De fondo, porque revitaliza el lugar del factor productivo del trabajo y los estándares mínimos que debe tener, en las discusiones comerciales.

Este cambio es relevante no solo para los países del T-MEC. Tal y como sucedió con la creación del Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte (ACLAN); a la vez que se estableció el primer acuerdo comercial con disposiciones laborales, se creó un estándar replicable por otras economías.

Esta nueva realidad invita a los actores más relevantes en estas áreas a involucrarse más; a decir, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la OIT. Como ha sido y sigue siendo, lo más básico es la creación de un lenguaje común y plataformas de negociación. Ambas, funciones de estas organizaciones.

En el futuro próximo, la eliminación completa de la brecha entre trabajo y comercio es un devenir inevitable; más aún, necesario. Ya es tiempo que el factor productivo del trabajo sea tomado más seriamente en las discusiones comerciales, si queremos un comercio más justo e igualitario.

 

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Transición energética como nuevo paradigma de desarrollo global

Transición energética como nuevo paradigma de desarrollo global

Por David Ramos | @Dravidrg

El sector energético es uno de los principales motores de desarrollo mundial debido a la estrecha interrelación que tiene con cada una de las actividades económicas, sociales, comerciales y ambientales de cualquier país. 

La pandemia de Covid-19 ha causado una aceleración en los procesos de la transición energética que, naturalmente, se daría para mantener el desarrollo del sector. Dicha transición no se trata del desplazamiento total de las fuentes fósiles, sino de un cambio en la matriz energética, para la creación de un mundo más sostenible en el tiempo. 

La mayoría de los pronósticos publicados después del inicio de la pandemia marcan como un punto de inflexión la disrupción derivada de la pandemia, para el futuro desarrollo en materia energética. A partir de diferentes proyecciones energéticas a 2030 y 2050, se infiere que esta década (2020-2030) será de transición, con objetivos agresivos y materiales por parte de algunas de las mayores compañías petroleras del mundo. 

Las energías limpias se vislumbran como una de las fuentes más relevantes en el futuro próximo y la década de 2020-2030 será la década de la transición para las naciones más desarrolladas, donde muchos de los cambios más fuertes en tecnología, desarrollo e inversión se darán con la finalidad de poder iniciar un desarrollo más sustentable, a partir del 2030.

En materia comercial la implicación de la transición energética será mayúscula, involucrando cambios disruptivos en toda la cadena global de valor, de forma directa e indirecta. Habrá desarrollo de nuevos productos, una movilidad de mercancías y personas menos dependientes de energías fósiles y se sentará la base para el comercio del futuro: un comercio más conectado, más eficiente y con una visión en el desarrollo de largo plazo.

Es importante señalar que la transición final debe ser particular de cada país, debido a que cada uno tiene una historia y desarrollo propios, así como cualidades y recursos que pueden inclinar su matriz energética hacia un lado u otro de la balanza. En el juego global, habrá que ver como las naciones van ajustando sus ventajas comparativas en su intercambio comercial.

Finalmente, el entendimiento de las características particulares de los sectores energéticos de los países menos desarrollados es clave para comprender que sus calendarios de transición deberían estar desfasados respecto a los países más desarrollados y evitar aplicar políticas y sanciones en el camino de la transición en favor de los intereses de los principales actores globales.

 

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